Blanca cuenta en un periódico local, Butler Eagle, su gran experiencia durante su año escolar en USA a pesar de la pandemia.

Mike Kilroy Eagle Staff Writer

⏲ December 26, 2020 » Local News #

Conocía el país por la televisión y las películas que veía en su España natal, y durante años se preguntó si realmente era así Estados Unidos. El Programa de año escolar en USA de ICES, le dió la oportunidad de saberlo. Sin embargo, un problema entró en escena: COVID-19.

Fue una preocupación, no solo para Blanca y su familia en España, sino también para su familia anfitriona en los EE. UU.

La pandimia hizo que el proceso fuera complicado. Blanca, de 16 años, se planteó no venir pero su madre la convenció.

“Básicamente me dijo: «No te vas a perder nada aquí, vamos a estar encerrados. Mientras nosotros no hacemos nada, tu podrás estar participando del programa de intercambio en USA«. No podía discutirle eso «.

Blanca hizo las maletas, se marchó a EE. UU. y no lo ha lamentado.

“En España, idealizamos mucho los Estados Unidos. En ICES, Programas USA, me recomendaron que no fuese con grandes expectativas, para no sentirme defraudada, pero sin duda las he superado. Estoy feliz de haber tomado la decisión de venir»

Blanca es una de las pocas estudiantes de intercambio en Pensilvania y el resto de Estados Unidos. La mayor parte de los high schools cerraron sus puertas a los estudiantes de otros países. Muchas familias anfitrionas decidieron no acoger estudiantes y la mayoría de ellos decidieron no correr riesgos y quedarse en sus países.

Nueva tierra, nuevos desafios

Blanca creció en un pueblo a una hora de Barcelona en la costa este de España. Su región de Cataluña es conocida por sus playas y centros turísticos y es el centro cultural del país. Venir a Renfrew, que no se parece en nada a su lugar de origen, fue al principio chocante para Blanca.

“En España soy realmente independiente. Puedo ir a cualquier parte de mi ciudad cuando quiera. Puedo coger mi bicicleta o simplemente caminar. Aquí, estudio en el Seneca Valley High School y dependo de alguien que tenga coche. La gente pasa mucho rato en las casas o en los centros comerciales. Eso es lo que me sorprendió «.

En España, Blanca se reune con sus amigos en la plaza del pueblo o en uno de los muchos cafés. Y pasan mucho tiempo en las playas cercanas. No hay muchos días de playa en esta época del año en Renfrew. Blanca se rió y dijo:

“Estaba bromeando con un amigo el otro día. Yo llevaba una sudadera con capucha y me sentía bien, él tenía frío. En España, estaría en manga corta”.

Blanca no tardó en darse cuenta de que ya no estaba en Cataluña. El primer mes fue difícil para ella, se estaba adaptando a un nuevo país, una nueva familia con seis hijos de 3 a 15 años y, además de todo eso, con una pandemia mundial como telón de fondo. Pero rápidamente se adaptó.

“Al principio era un poco tímida, luego comencé a tener más confianza”.

Ayudó que se hiciera amiga rápidamente de la hermana mayor, Tayla, de 15 años. Las dos descubrieron que tenían mucho en común a pesar de crecer separadas por un océano. Blanca poco a poco también se acercó a los pequeños de la familia.

“Me siento como en casa, vivir con niños pequeños es agradable, me encantan, es muy divertido estar con ellos».

Pero Blanca, también lamenta no poder hacer otras cosas típicas americanas que hubiera hecho sin pandemia. Debido a la COVID-19, la experiencia está siendo diferente.

“Siento que, por ejemplo, el uso de mascarillas y el distanciamiento social hacen que sea más difícil hacer amigos en la escuela».

Estudiar en Estados Unidos en pandemia

Tayla de 15 años, a la izquierda, Blanca de 16 años a la derecha, se divierten estudiando juntas. Las dos están en el Seneca Valley High School.

 

Se ha perdidos bailes escolares y partidos de fútbol , aunque se ha apuntado a fútbol americano este otoño.

“He ido a un partido de los Steelers. También he ido a Florida. He hecho cosas que nunca pensé que haría, y que solo había visto en las películas. Aunque hay otras cosas que quería vivir y no he podido, eso ha sido lo único malo.»

Lo mejor puede parecer sorprendente: Las sudaderas. Blanca se ha obsesionado con ellas. Ha comprado hasta 20 con su Mike, padre anfitrión, que frecuenta tiendas de segunda mano y mercadillos.

“No sé cómo voy a meter todo esto en mi maleta”, ha dicho Blanca, riendo.

Asignar destino a estudiantes de intercambio

En lo que respecta a asignar los destinos de estudiantes de intercambio extranjeros este año, ha sido difícil. Durante un año típico, ICES ubica a cientos de estudiantes en escuelas secundarias en los EE. UU. Este año, debido a la pandemia, la organización ha colocado solo una pequeña parte. Si bien en un estado como Pensilvania generalmente hay cientos, este curso solo hay ocho.

Kathryn Smail, coordinadora local de ICES y maestra de apoyo para discapacidades en Butler ha comentado que la temporada ha sido «una lucha». Este curso upervisa a dos estudiantes de intercambio: Blanca y una estudiante alemana.

Kathryn y su familia también han acogido estudiantes de intercambio. El año pasado, Elena de Italia, que se quedó en Estados Unidos a pesar de que otros estudiantes volvieron a sus países cuando empezó la pandemia.

Smail empezó a trabajar con ICES hace dos años de forma casi casual.

«Estábamos en la playa y mientras miraba mi página de Facebook, saltó uno de esos anuncios patrocinados. Pensé ¿porqué no? parece divertido».

Se olvidó de ello hasta una semana después, cuando de repente el anuncio volvió a aparecer. Entonces fue cuando decidió hacerse coordinadora y familia de acogida.

Smail ha observado tendencias interesantes en lo que respecta a la ubicación de los estudianes en años normales.

“Cuando llega la temporada de buscar familias a los estudiantes (en enero), tienes datos básicos, chicas o chicos, y datos geográficos. Los estudiantes europeos son muy populares. Encontramos familia muy rápido. Los asiáticos, al contrario, porque la diferencia cultural es muy grande. Las niñas también tienden a ubicarse más fácilmente que los niños. Una estudiante europea encontrará un hogar rápidamente»

Smail espera que vuelva algo de normalidad cuando las solicitudes comiencen a llegar nuevamente el próximo mes.

Elena, la estudiante italiana de Kathryn también espera que llegue la normalidad, comentó que nada puede reemplazar la experiencia que obtuvo con su familia.

“Es muy triste que otros estudiantes de intercambio no puedan vivir esta experiencia. No olvidaré mi año escolar en USA, aunque fuese parcialmente enturbiado por la pandemia.»

Blanca nunca va a olvidar la Navidad, en España es importante pero en Estados Unidos lo es más.

«Estoy tan emocionada», dijo. «No puedes imaginar lo ilusionada que estoy, como una niña de 7 años. Estoy contando los días para la Navidad. Me encanta, ya tengo su espíritu. Me gusta ver a los demás disfrutar, no puedo esperar a ver sus caras cuando abran mis regalos.

Blanca también está experimentando «una dieta» de películas navideñas.

¿Mi favorita? “’Solo en casa’”, dijo riendo. “La he visto como 10 veces. Me encanta.»

Pandemia estudiantes intercambio Estados Unidos

Scotlyn de 5 años a la izquierda, y su hermana Lochlan, 6, a la derecha, dejan un bocadillo para «Caga Tió», una tradición navideña catalana que Blanca les ha enseñado.

El intercambio de experiencias nuevas no ha sido en un solo sentido. Blanca ha enseñado a su nueva familia una tradición navideña propia de Cataluña. Es antigua, y definitivamente extraña.

Se llama «Caga Tió», que se traduce como «The Poop Log».

Dar de comer al «Poop Log» es una tradición catalana que se remonta a siglos y ha ido evolucionando a lo largo del tiempo. El tió se coloca el 8 de diciembre debajo del árbol sobre una manta. Se «alimenta» todos los días hasta la víspera de Navidad, cuando los niños golpean el tronco para que cague regalos. Los niños cantan canciones típicas mientras golpean, algunas no son muy adecuadas para ser escritas. Blanca enseña a los niños canciones «adaptadas».

«Están super emocionados, me recuerdan a mi cuando era pequeña. Me encanta enseñarselo».

Blanca, estudiante de año escolar en USABlanca comentó que le gustaría dejar huella en su entorno americano, tal como ellos están dejando en ella. Aunque por un lado está ansiosa por volver a casa por otro le da mucha pena marcharse. Piensa mucho en eso, en cómo se ha acostumbrado a algo tan diferente.

Me gusta vivir aquí, me gusta despertarme aquí, pero me gustaría despertarme en mi propia cama y pasar el rato con mis amigos, pero va a ser muy triste. Voy a llorar mucho ”.

Llorar, sin embargo, es bueno. Significa que ha sido una experiencia que ha valido la pena.

«Si lloramos, demustra que algo bueno ha sucedido aquí», dijo Smail.

 

Artículo original de www.butlereagle.com

Mike Kilroy @KilroyWasHere7

¿Quieres vivir tú también una experiencia americana de inmersión total y estudiar un año escolar en USA? Contacta con ICES. Somos especialistas en año escolar en Estados Unidos.

Quiero que me informen